Instruir a nuestros hijos: una responsabilidad delante de Dios

Criar hijos es una de las responsabilidades más grandes que Dios ha puesto en nuestras manos. Como madres y padres, no solamente alimentamos, vestimos y protegemos a nuestros hijos; también tenemos la responsabilidad de instruirlos, corregirlos y enseñarles a vivir de acuerdo con los principios de Dios.

La pregunta no es solamente: “¿Estoy criando a mi hijo?”, sino: “¿Qué estoy enseñándole con mis palabras, con mi ejemplo y con la manera en que respondo a su conducta?”

Porque nuestros hijos aprenden no solamente de aquello que les decimos, sino también de aquello que ven en nosotros.

1.            1. Instruir es más que enseñar

Enseñar implica transmitir conocimiento, pero instruir implica también guiar y formar la conducta.

Un hijo necesita saber qué está bien y qué está mal, cuáles son los límites establecidos en casa y cuáles son las consecuencias de desobedecerlos.

La Palabra de Dios coloca sobre los padres la responsabilidad de formar a sus hijos. “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.” Efesios 6:1 RV1960

La obediencia no aparece en la Biblia como algo opcional para los hijos mientras están bajo la autoridad de sus padres. Y precisamente por eso, los padres tenemos que asumir nuestra responsabilidad de enseñar qué significa obedecer.

Pero hay algo importante: la instrucción bíblica no consiste simplemente en conseguir que nuestros hijos hagan lo que queremos. Nuestro objetivo debe ser mucho más profundo:

Queremos formar hombres y mujeres que aprendan a vivir bajo la autoridad de Dios.

  2. Nuestros hijos aprenden de nuestro ejemplo

Podemos decirles muchas cosas, pero nuestras acciones también están enseñando. Si queremos que nuestros hijos hablen con respeto, debemos cuidar nuestra manera de hablar. Si queremos que aprendan a reconocer sus errores, debemos ser capaces de reconocer los nuestros. Si queremos que aprendan a controlar su enojo, debemos mostrarles cómo nosotros manejamos el nuestro.

Por eso, la instrucción comienza mucho antes de una corrección.

Nuestra vida también es enseña.

Incluso cuando no estamos intentando enseñar algo, nuestros hijos están observando cómo reaccionamos, cómo tratamos a otras personas, cómo resolvemos los conflictos y cómo obedecemos a Dios.

3. Corregir no significa gritar

Una de las dificultades de la crianza aparece cuando un hijo desobedece. A veces podemos caer en el error de repetir una instrucción muchas veces, elevar cada vez más la voz y finalmente terminar agotados y frustrados.

Pero la corrección no debería depender de cuánto gritamos. Nuestros hijos necesitan aprender que las instrucciones tienen un propósito y que la obediencia tiene importancia.

También debemos evitar convertir la obediencia en una negociación permanente: “Si haces esto, te doy aquello.” Las recompensas pueden utilizarse sabiamente en determinadas circunstancias, pero nuestra meta no debería ser que nuestros hijos obedezcan únicamente porque recibirán algo a cambio.

Queremos enseñarles a obedecer porque comprenden que la autoridad establecida por Dios debe ser respetada.

4. La disciplina debe conducir hacia la madurez

Aquí encontramos un principio muy hermoso de la crianza.

Un bebé necesita muchísimo control porque todavía no tiene capacidad para gobernarse a sí mismo.

A medida que el niño crece, debemos ir enseñándole a pensar, decidir, asumir responsabilidades y desarrollar dominio propio.

Por eso, criar no significa mantener al hijo bajo control para siempre.

La meta de la disciplina es preparar al hijo para que algún día pueda gobernarse responsablemente delante de Dios.

Proverbios 29:15 habla de la importancia de la corrección y la instrucción para formar al niño.

La disciplina no tiene como finalidad quebrar al hijo, humillarlo o descargar sobre él nuestra frustración.

Tiene como propósito formarlo.

 5. La instrucción puede producir conflicto

Hay algo que debemos aceptar como padres: nuestros hijos no siempre estarán felices con nuestros límites. Y eso no significa necesariamente que estamos haciendo algo malo.

La voluntad de un niño puede querer algo que no le conviene. Su deseo puede estar en conflicto con una regla establecida por sus padres.

Por eso, parte de nuestra responsabilidad consiste en enseñarles que no todo lo que queremos hacer es necesariamente bueno para nosotros.

La disciplina requiere amor, firmeza, paciencia y constancia. Proverbios 29:15 nos recuerda que la corrección forma parte de la sabiduría en la crianza. Pero debemos recordar también que nuestra autoridad no es absoluta.

Los padres estamos bajo la autoridad de Dios.

Por eso no debemos disciplinar simplemente para conseguir comodidad, obediencia ciega o controlar cada aspecto de la vida de nuestros hijos.

Debemos preguntarnos: “¿Estoy corrigiendo esto porque realmente es malo o porque simplemente no me gusta?”

Esa pregunta puede ayudarnos muchísimo.

6. ¿Qué estamos formando en nuestros hijos?

Cada corrección, cada límite y cada conversación puede convertirse en una oportunidad para enseñar algo mucho más profundo.

Cuando corregimos una mentira, enseñamos la importancia de la verdad.

Cuando corregimos una falta de respeto, enseñamos honra.

Cuando enseñamos a pedir perdón, enseñamos humildad.

Cuando enseñamos a cumplir una responsabilidad, enseñamos fidelidad.

Cuando enseñamos a controlar una reacción, enseñamos dominio propio.

Y cuando enseñamos a nuestros hijos a obedecer la Palabra de Dios, estamos ayudándolos a comprender que Dios debe ocupar el primer lugar en sus vidas.

7.            🌱 Una aplicación para nosotras

Antes de corregir a nuestros hijos, podemos hacernos tres preguntas:

1. ¿Qué estoy tratando de corregir?
¿Es realmente una conducta que necesita corrección o simplemente algo que me incomoda?

2. ¿Qué quiero enseñarle a mi hijo a través de esta corrección?
No solamente quiero que deje de hacer algo; quiero ayudarlo a comprender por qué está mal.

3. ¿Mi propia vida está respaldando lo que estoy enseñando?
Porque nuestros hijos necesitan escuchar nuestras palabras, pero también necesitan verlas reflejadas en nosotros.

8.            💖 Para recordar

Nuestros hijos no necesitan padres perfectos.

Necesitan padres dispuestos a aprender, corregir, reconocer sus propios errores y buscar la dirección de Dios para criarlos.

La responsabilidad de instruir a nuestros hijos no consiste solamente en lograr que se comporten bien mientras están bajo nuestro techo.

Nuestro propósito debe ser mucho más grande: ayudarlos a conocer a Dios, aprender Sus principios y desarrollar la capacidad de tomar decisiones correctas aun cuando nosotros no estemos presentes.

La verdadera instrucción no solamente pregunta: “¿Mi hijo me obedece?”

También pregunta: “¿Estoy formando en él un corazón que desea obedecer a Dios?”

🌷 La crianza es una responsabilidad; pero también es una oportunidad maravillosa de formar vidas para Dios.

“Lectura bíblica sugerida” 

Deuteronomio 6:4-9

fesios 6:1-2

Proverbio 21:10; 22;6; 13:24

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