El verdadero dominio propio: más que controlar nuestras reacciones es dejar al Espiritu Santo que nos ayude

 El verdadero dominio propio: más que controlar nuestras reacciones

¿Te ha pasado que dices: “Esta vez sí me voy a controlar” … pero al final reaccionas igual que siempre?

Quizá alguna vez te propusiste no volver a enojarte por determinada situación, controlar tus palabras, dejar un mal hábito o pensar antes de reaccionar.

Y por un tiempo lo consigues.

Pero después llega nuevamente esa situación que te provoca, te presiona o te tienta… y terminas haciendo exactamente lo que habías decidido no hacer.

Entonces pensamos:
“¿Por qué me cuesta tanto controlarme?”

¿Es solamente cuestión de fuerza de voluntad?

Muchas veces pensamos que tener dominio propio depende exclusivamente de nuestra fuerza de voluntad.

Nos decimos:

“No me voy a enojar.”
“No voy a responder mal.”
“Esta vez voy a controlar mis palabras.”
“Voy a dejar este hábito.”

Y aunque nuestra voluntad tiene un papel importante, la Biblia nos muestra que el verdadero dominio propio va mucho más allá de simplemente esforzarnos por controlar nuestro comportamiento.

En Gálatas 5:22-23, Pablo presenta el dominio propio como parte del fruto del Espíritu.

El dominio propio no es solamente aprender a contener nuestras reacciones externas; es permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro interior, de manera que nuestras respuestas comiencen a reflejar esa transformación.

Cuando Dios transforma nuestra manera de responder

Imagina que alguien dice algo que normalmente te haría reaccionar inmediatamente.

Antes quizá respondías con enojo.

Pero ahora puedes detenerte, guardar silencio, pensar antes de hablar, puedes pedirle al Señor sabiduría.

Eso no significa que nunca volverás a sentir enojo o que nunca tendrás que luchar con tus emociones.

Significa que estás aprendiendo a no dejar que tus emociones gobiernen tus decisiones.

Lo mismo ocurre con nuestros hábitos, pensamientos, palabras y decisiones.

El Espíritu Santo obra en nosotros y nos ayuda a desarrollar una nueva manera de responder.

Por eso, el dominio propio no debería llevarnos a pensar: “Yo soy fuerte porque puedo controlarme.”

Más bien debería llevarnos a reconocer: “Dios está obrando en mí y me está enseñando a responder de una manera diferente.”

El dominio propio también requiere nuestra participación

Que el dominio propio sea fruto del Espíritu no significa que nosotros simplemente nos quedemos de brazos cruzados.

Tenemos que aprender a escuchar, obedecer y caminar guiados por el Espíritu.

Cuando sentimos que estamos a punto de reaccionar impulsivamente, podemos hacer algo muy sencillo:

Hacer una pausa.

Ese pequeño momento entre lo que sucede y nuestra reacción puede convertirse en una oportunidad para elegir una respuesta diferente.

En lugar de:

“¡Voy a decirle lo que pienso!”

podemos detenernos y pensar:

“¿Esta respuesta agrada a Dios?”

En lugar de actuar impulsivamente, podemos orar:

“Señor, ayúdame a responder con sabiduría.”

Y poco a poco comenzaremos a notar que Dios está trabajando en áreas de nuestra vida que antes parecían imposibles de cambiar.

Una aplicación para hoy

No intentes cambiar todas tus áreas débiles al mismo tiempo.

Escoge una sola.

Puede ser:

·         🗣️ Tus palabras.

·         ️ Tus emociones.

·         💭 Tus pensamientos.

·         🚫 Un hábito que necesitas abandonar.

·         🤔 Una reacción que necesitas aprender a controlar.

·         🛤️ Una decisión que necesitas tomar.

Y preséntasela al Señor.

Puedes decir:

“Espíritu Santo, ayúdame en esta área. No quiero depender solamente de mi fuerza de voluntad. Quiero que Tú transformes mi manera de pensar, sentir y responder.”

Después, cuando llegue esa situación que normalmente te hace reaccionar, haz una pausa.

Respira, Ora, y elige responder de una manera que honre a Dios.

Quizá no lo hagas perfectamente desde el primer día. Pero cada vez que eliges obedecer a Dios en lugar de dejarte gobernar por una reacción impulsiva, estás creciendo.

Para meditar

El dominio propio no significa que nunca volveremos a luchar con nuestras emociones, pensamientos o deseos.

Significa que no tenemos que enfrentar esas luchas dependiendo únicamente de nuestras propias fuerzas.

El Espíritu Santo está obrando en nosotros.

Y cuando Dios transforma nuestro interior, esa transformación comienza a reflejarse en nuestra manera de hablar, pensar, decidir y actuar.

💖 Recuerda:

El verdadero dominio propio no es simplemente “yo puedo controlarme”; es “Dios está transformándome”.

No se trata solamente de apretar los dientes y decir: “Tengo que controlarme.”

Se trata de caminar con Dios y permitir que Su Espíritu produzca en nosotros aquello que no podemos producir únicamente con nuestras propias fuerzas.

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